
Telarañas en las esquinas de mi cuarto
noches en mis días olvidados
monedas en los bolsillos de mi saco
besos en una mejilla de piedra
manos sucias
semáforo insolente
ecos de tu voz
labios
carne
sudor...
¡Soledad!
SEMBREMOS PAZ DONDE HAYA GUERRA; Y GUERRA DONDE HAYA PAZ... "NIÑOS, DESCONFÍEN DE LOS ADULTOS"



Karina habla con Antuanet por la mañana; una me sirve el café y la otra conversa con los grillos de la noche del insomnio; una piensa en los aretes que ha de ponerse para la cita a ciegas que pactó por internet y la otra besa mis ojos porque no conoce otra verdad.
He abierto varias puertas y todas se han cerrado en mi cara, he mirado por la cerradura de mi alma a mi alma, he puesto todo en su lugar y lo he vuelto a desordenar todo, he caído hasta el final del hoyo, al último rincón del rincón más remoto, más lejano y más oscuro; y he salido de mí, de ti, del futuro y del pasado, he buscado tus brazos en los míos, tu beso en el mío y sólo he encontrado fantasmas y duendecitos de cartón que me asustan ingenuamente.
Una mañana se escuchó una gran explosión que provenía de lo más alto de la isla Galápagos; una nube apareció de pronto sobre el lugar donde antes se encontraba el faro; luego aquella nube fue disipándose mientras las gaviotas volaban asustadas en distintas direcciones. El desconcierto fue general cuando un olor a pólvora quemada se expandió sobre la playa, impregnando el ambiente, antes fresco, de un aire irrespirable: el Patrón de Pucusana había desaparecido.